Hay localizaciones que hacen medio trabajo solas. Masia Casa Del Mar, sobre un acantilado de Sitges con el Mediterráneo de fondo, es una de ellas.
La finca está colgada sobre el mar, con piscina infinita y vistas que se funden con el horizonte. Aquí casi cualquier foto sale bien sola —y eso, para un fotomatón, es el mejor punto de partida. Anthony y Leyla viajaron desde Estados Unidos para casarse aquí, y nos eligieron para acompañar su boda de 80 invitados. Llegamos con ganas de estar a la altura del sitio.
Listos antes de que bajara el primer invitado
La ceremonia fue arriba, en la zona de la piscina; la fiesta, abajo. Llegamos antes de tiempo para montar el fotomatón mientras los invitados seguían en lo alto, de modo que, cuando empezaron a bajar uno a uno hacia la fiesta, la máquina ya estaba lista y esperando. Fue una entrada redonda: ni una cola incómoda ni una espera —solo gente con ganas de hacerse fotos desde el primer minuto.
Dos horas que pasaron en un suspiro
Estuvimos tres horas en total: una durante el cóctel y dos en plena fiesta. Y esas dos horas pasaron en un suspiro. Los invitados eran de los que no se quedan sin ideas: cada pareja, cada grupo, cada tira que salía de la máquina era distinta a la anterior —sombreros, gafas de corazón, poses de portada de revista. Pura energía.
No se les acababan las ideas: cada tira que salía era distinta a la anterior.— El equipo de House Party
Un recuerdo frente al mar
Cada invitado se fue con su tira impresa en la mano, ese pequeño recuerdo físico que un móvil no da. Entre el mar, la masía y una pareja con un estilazo de película, la boda de Anthony y Leyla se quedó entre nuestras favoritas —de esas que, cuando alguien dice Casa Del Mar, son lo primero que recordamos.
La boda en imágenes




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